Breve historia del café para celebrar su Día Internacional

, 1 de octubre de 2019

Historia del café

El café levanta tantas pasiones que no podía dejar de tener su Día Internacional. Cada 1 de octubre, millones de personas en todo el mundo rinden homenaje al café celebrando la cultura de su bebida favorita, y nosotros no podíamos ser menos.

Es una buena ocasión para recordar que detrás de cada taza hay muchos siglos de historia, tradición, curiosidades y algún que otro mito que alimentan la leyenda que rodea al café desde sus orígenes. ¿Nos acompañas por este pequeño paseo histórico?

Los orígenes del café, del cafeto a bebida ritual

Antes de rastrear el nacimiento de las primeras tazas de café hay que buscar sus orígenes en el cafeto o árbol del café, de donde proceden las bayas. No se sabe a ciencia cierta dónde o cuándo apareció esta planta por primera vez, pero sí parece claro que tiene un origen asiático y africano.

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Tiene sentido, ya que las especies de cafeto son plantas que necesitan climas tropicales para crecer, con temperaturas cálidas y mucha humedad, especialmente en zonas de elevada altitud. Así, los expertos apuntan a que probablemente fue en alguna zona de la actual Etiopía donde se extendieron los primeros cafetales silvestres.

Pero, ¿quién tuvo la idea de preparar una bebida con sus frutos? Aquí entramos más en relatos y mitos, no exentos de cierto misticismo romántico, que alimentan aún más la leyenda del café.

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La historia más popular cuenta que fue un pastor etíope llamado Kaldi quien se fijó en que sus cabras se mostraban vigorosas y nerviosas después de comer las bayas de unos arbustos. Decidió probarlas y se pasó toda la noche lleno de energía sin poder dormir.

Otra leyenda pone a un monje yemení del siglo XIII como protagonista. El religioso, obligado a cumplir penitencia en las montañas, empezó a alimentarse de unas bayas que, según comprobó, le daban energías. Compartió su descubrimiento con sus compañeros cuando le visitaron, y estos llevaron el conocimiento a su monasterio, donde empezarían a elaborar una bebida que se fue popularizando.

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Leyendas aparte, sí sabemos que los oromo, un grupo étnico indígena de Etiopía y regiones cercanas, llevan siglos utilizando las hojas, flores y frutos el cafeto, para usos medicinales y también en la elaboración de bebidas y ciertos alimentos. Se cree que los místicos sufís de Yemen adoptaron la costumbre de preparar una infusión con las bayas secas para sus rituales nocturnos.

Del mundo árabe a Europa

Los inicios del café no están por tanto muy alejados del chocolate, que empezó siendo una bebida muy amarga y puramente ritual elaborada por las tribus indígenas americanas. Pero el café siguió su propio camino hacia la conquista mundial, aunque faltaba que en Europa descubrieran sus bondades.

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Algunas teorías apuntan a que su desembarco europeo se produjo a través de las rutas marítimas que partían del puerto yemení Moca (Al-Mucka), como parece señalar su nombre. Desde Yemen el cultivo y el consumo del café se fue extendiendo por todo el mundo árabe, siendo ya una bebida muy popular en el siglo XVI, sobre todo en grandes capitales como La Meca o El Cairo.

Por esas fechas incluso ya se habían establecido primitivas cafeterías o kahwe khaneh, establecimientos donde se consumía la bebida mientras se mantenían tertulias o se practicaban juegos de mesa. Algunos religiosos afirmaban que el café era una bebida pecaminosa castigada por el Corán, pero sus intentos por prohibirlo fueron en vano. El café ya había triunfado, y era un importante producto comercial.

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Precisamente las rutas comerciales entre oriente y occidente permitieron la llegada del café a tierras europeas. Ya extendido por todo el medio este, el puerto de Venecia fue testigo de los primeros cargamentos de café, que no tardarían en llegar también a los Países Bajos. Aunque se levantaron algunas voces católicas en contra de la “bebida de los infieles”, nada ya podía detener al avance del café por el viejo continente.

Los mercaderes y los contactos culturales propiciados por las guerras, especialmente contra los turcos (como ya vimos en la leyenda del héroe que llevó el café a Viena) fueron extendiendo el consumo de café por todos los países europeos, apareciendo cafeterías y negocios de todo tipo asociados a su producción y consumo.

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Los colonos lo llevaron al Nuevo Mundo, comenzando la fructífera producción de cafetales en las regiones tropicales, y popularizando su consumo en el incipiente Estados Unidos, ganando el terreno al té desde el histórico motín vivido en Nueva York en el siglo XVIII.

Así han evolucionado las cafeteras

Hasta aquí hemos recorrido varios siglos de consumo de café, pero falta una cuestión elemental para comprender cómo se ha convertido en una de las bebidas más populares del mundo: el salto de calidad de las cafeteras.

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Poco tiene que ver hoy un espresso al estilo italiano con las primitivas infusiones de bayas secas de café de los orígenes. La preparación del café ha evolucionado mucho, perfeccionándose la técnica a medida que se descubrían las cualidades únicas de los granos. Ahora sabemos lo importante que es elegir bien el origen, el tostado o el molido, además de la calidad del agua o cuestiones como la temperatura y el tiempo de infusión.

Durante siglos había que elaborar el café a mano, como todavía se hace de forma tradicional en regiones como Etiopía. Los granos se tostaban al fuego un poco a ojo, se molían manualmente y se infusionaban con agua caliente que después se colaba o no, al estilo turco o como antiguamente hacían nuestros abuelos.

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La invención de la cafetera moka italiana permitió que el café se convirtiera en una especie de “bebida del pueblo” al acceso de todo el mundo, pero fue la primera máquina espresso, patentada a finales del siglo XIX, la que cambiaría para siempre la cultura cafetera mundial.

Sabemos que Italia no inventó el café, pero los italianos llevan esta bebida en sus genes, es parte de su identidad cultural y cuidan su elaboración al detalle. Es la cuna del espresso, el que sigue siendo el café favorito por baristas y cafeteros expertos por todo el mundo, y el único capaz de prepararse con una cafetera superautomática para obtener ese aroma y esa crema inconfundibles.

La revolución de las cafeteras espresso automáticas

Contagiados del espíritu de la Revolución Industrial, fueron los italianos quienes dieron un paso más allá de la cafetera moka para cambiar para siempre la elaboración del café. Fue en Turín, hacia 1884, cuando nació la primera cafetera espresso automática, bautizada con con el rimbonante nombre de “Nueva maquinaria de vapor para la elaboración económica e instantánea de bebidas de café, método ‘A. Moriondo’«, patentada por Angelo Moriondo.

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Era un armatoste de gran tamaño y aún poco práctico, pero sentó las bases del futuro del café, y pronto surgieron competidores que, inspirados por este primitivo diseño, fueron lanzando sus propios modelos.

Ya entrado el siglo XX existían máquinas capaces de preparar cafés individuales más rápido, y para mediados de siglo apareció el pistón en las cafeteras profesionales, que permitían regular la presión al barista de forma manual. Años más tarde nacieron, por fin, las máquinas automáticas dotadas de bares de presión, el sueño de todo cafetero.

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Desde entonces tradición, diseño y tecnología han ido de la mano para que los apasionados del café podamos degustar en pocos segundos del mejor café en casa. Con las cafeteras superautomáticas Philips nos convertimos en nuestros propios baristas preparando multitud de recetas de café a nuestro gusto, mientras que con L’OR Barista podemos disfrutar de la forma más sencilla de un café de calidad.

El café ha recorrido un camino muy largo hasta llegar a nuestros días, pero está claro que todavía tiene muchas más historias que contar. ¿Quién sabe qué nuevas tendencias nos traerá en el futuro?

Fotos | Unsplash

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