Buenos hábitos en el embarazo para cuidar la espalda

No hay comentarios , 17 de Abril de 2017

A pesar de que el embarazo es una etapa preciosa vivida con gran ilusión, lo cierto es que nuestro cuerpo también experimenta cientos de cambios, que afectan desde a nuestro estado de ánimo hasta nuestro físico propiamente dicho. Uno de los más habituales tiene que ver con los dolores de espalda que se producen como consecuencia de cargar más peso del que estamos habituadas.

Una incomodidad que repercute directa y negativamente sobre nuestra calidad de vida y que puede llegar a condicionar ciertas actividades, incrementar la sensación de cansancio y un largo etcétera que ya puedes imaginar. Por fortuna, existen una serie de pautas que puedes llevar a cabo para cuidar esta parte de tu cuerpo y atenuar estos “efectos secundarios”.

Ante todo, cuida tu peso

Lo primero que debes entender es que una ganancia excesiva de kilos condicionará todo tu embarazo y dificultará la recuperación tras el parto, haciendo que sea más difícil recuperar la figura y convirtiendo cualquier movimiento cotidiano en algo muy complicado. Por no hablar de que se incrementan las posibilidades de padecer hemorroides, indigestión, varices, fatiga y dificultad para respirar.

Además, ese peso incidirá directamente sobre tus articulaciones, y obligará a tu corazón a hacer un esfuerzo mayor, con todas las consecuencias que esto tiene sobre la salud cardiovascular. De esta manera, la premisa más básica será que no te dejes llevar por los llamados antojos –tienen mucho de ansiedad–, sino que sigas cuidándote y te mantengas en los límites de aumento de peso marcados por los médicos.

Para lograrlo con éxito puedes consultar a nutricionista o a tu médico, para que te aconseje sobre el tipo de alimentación ideal adaptada a tus nuevas necesidades, así como a un especialista en deporte que adecue tus ejercicios a tu situación actual. Pero ya incidiremos más tarde en esta cuestión con mayor detalle. En todo caso, tampoco te obsesiones pues es evidente que llevar al niño en tu interior acentuará la curva lumbar y creará mayor tensión en la espalda media y baja.

Dormir en una postura apropiada

Dormir en una buena postura será básico a la hora de alejarnos de las mialgias (y de todo tipo de consecuencias negativas derivadas de un descanso deficiente). Tumbada sobre el lado izquierdo es una en las que podemos hacerlo. Una recomendación que puede no ser sencilla de cumplir, sobre todo si no estamos acostumbradas.

Lo que estaremos haciendo es evitar la presión del cuerpo sobre la vena cava, favoreciendo la irrigación de la sangre hacia la placenta y favoreciendo nuestra propia circulación. Pero no solo eso, sino que estaremos adoptando una postura natural, propia de nuestra infancia. Algunos especialistas recomiendan colocar una almohada entre las piernas, con las rodillas ligeramente flexionadas.

Hacerlo con las piernas elevadas, boca arriba, con la espalda totalmente recta, también nos aliviará. Asimismo, nos alejará de los tobillos hinchados, las varices, pinchazos y calambres en las piernas. En caso de dolores específicos podemos colocar varios cojines bajo las cervicales, e incluso levantarnos ligeramente.

Una buena higiene postural y hábitos

Llegados a este punto, cabe comentar la higiene postural y los hábitos de nuestro día a día; algo que no deberíamos perder de vista en ningún momento pero que durante el embarazo cobra todavía más importancia. Así, trataremos de mantener nuestra espalda apoyada cuando nos sentemos, recta, con la cabeza mirando hacia delante; e intentaremos utilizar una superficie que levante un poco nuestros pies si vamos a pasar muchas horas en esta posición.

Agacharse flexionando siempre las rodillas (en lugar de curvando la espalda), y repartir el peso de forma equitativa entre las dos mitades del cuerpo para que ninguna de ellas se vea aquejada por descompensaciones, son otras recomendaciones básicas pero no por ello menos importantes.

El deporte, fundamental para atenuar el dolor

Volviendo al asunto del deporte, lo cierto es que practicar alguna actividad física durante el embarazo resulta muy beneficioso tanto para la madre como para el futuro bebé. En concreto facilita el parto, nos aleja de la depresión, mejora nuestro estado de ánimo y percepción de los cambios físicos, etcétera. Y, por supuesto, mantiene el peso a raya y nos ayuda a ganar flexibilidad.

Dos de los más apropiados durante el embarazo, en especial durante las últimas etapas, son el pilates y el yoga, perfecto para cuidar nuestra espalda y mejorar nuestra postura en términos generales, así como para estirar la zona y mantener el dolor bajo mínimos. Además, se trata de dos disciplinas con la que aprenderemos a relajarnos, a prestar atención a las sensaciones de nuestro cuerpo; y con las que también lograremos fortalecer el suelo pélvico. Las caminatas son también muy recomendables.

La prevención, clave

Para acabar y si todavía no te has quedado embarazada, lo ideal será fortalecer la musculatura del abdomen. Se trata de una cuestión muy sencilla: todo el peso que no sean capaces de resistir tus músculos irá a parar a tu espalda, así que intenta desarrollarlos en la medida de lo posible con ejercicios específicos supervisados y prescritos por un profesional cualificado que adapte la práctica a tus necesidades y posibles lesiones.

Por ejemplo, no podrá realizarlos del mismo modo una persona completamente sana que otra que cuente con una osteocondrosis, una pequeña hernia, etcétera; en cuyos casos deberían tomarse precauciones adicionales para evitar que estas patologías se agraven. Tampoco te olvides de los glúteos, que cumplen una función fundamental a la hora de aportar apoyo a la zona de las lumbares. Trabájalos siguiendo las indicaciones anteriores.

Imágenes | Pixabay, FreeStockPhotos y iStock: grinvalds, g-stockstudio, dolgachov y evgenyatamanenko

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