Cafés con leyenda: el héroe que descubrió el café a los vieneses

, 20 de Abril de 2017

La cultura el café se abre paso en todo el mundo, pero hay ciertos destinos que están marcados como visita obligatoria para un verdadero apasionado. Viena es sin duda uno de ellos, donde permanece el encanto tradicional de los locales más antiguos. La relación de los vieneses con el café es tan especial que incluso su origen está rodeado de encanto y cierta magia. ¿Conoces la leyenda del héroe que llevó el café a Viena?

Los cafés de Viena, patrimonio de la humanidad

La capital austriaca es uno de los destinos preferidos por turistas de todo el mundo. Esta gran ciudad monumental atesora uno de los pasados más ricos y apasionantes de Europa, con un patrimonio histórico-artístico que seduce cada vez a quien la visita. Lo mejor es que Viena ha sabido adaptarse a cada época y hoy ofrece una imagen renovada, respetando su legado y sin perder su esencia más tradicional, pero conviviendo con una faceta más actual y moderna.

Por mucho que se actualice, hay algo de lo que los vieneses están especialmente orgullosos: su cultura del café. En Viena el café se respira de una forma muy especial, se vive y se siente en cada esquina, sobre todo en el caso antiguo, lleno de cafeterías y locales que han visto pasar muchos años de historia por sus mesas. No son solamente cafés antiguos que han sobrevivido al paso del tiempo, ya forman parte de la propia identidad de la ciudad.

Es tal la importancia de las cafeterías de Viena que desde 2011 forman parte de la Lista Nacional del Patrimonio Cultural Intangible de la UNESCO. Los cafés como los entendemos hoy fueron tomando forma en las calles vienesas desde el siglo XIX, convirtiéndose en parte inseparable de la vida de la capital. Por ellos han pasado grandes personalidades históricas, artistas, intelectuales, políticos y pensadores, y sin sus encuentros al aroma de un café no se podría entender la cultura europea de hoy.

Pero, ¿cómo llegó el café a Viena? ¿Cuándo empezaron a surgir los primeros cafés? ¿Por qué se convirtieron en algo tan importante? Hay una leyenda que lanza algo de luz sobre este asunto, aunque está rodeada de cierto misticismo romántico.

La invasión otomana de Europa: Viena en peligro

El café no se inventó en Viena y ni siquiera es la primera ciudad europea en tener cafeterías como tales, está claro que tuvo que llegar desde fuera. Para comprender cómo pudo introducirse este producto en la ciudad centroeuropea hay que conocer un poco el contexto histórico, y sobre todo los ataques que recibió desde el Imperio otomano, los turcos.

Ya en el siglo XVI las tropas otomanas intentaron adentrarse fijando la atención en Viena, atacando la ciudad y sometiéndola a un primer ataque en 1529. El fracasado Primer Sitio de la ciudad tuvo otro intento en 1683, cuando las tropas turcas asediaron Viena en aquel verano antes de producirse la batalla decisiva final, por la que nuevamente fueron derrotados.

En este Segundo Sitio de Viena, la capital llevaba aguantando la presión de las tropas turcas que durante dos largos meses sometieron a la ciudad. Los aliados cristianos europeos se preparaban para acudir en ayuda del emperador Leopoldo, que había escapado del ataque, pero los vieneses no aguantarían mucho más. Muy cerca esperaban las tropas del duque Carlos V de Lorena, esperando el auxilio prometido por el rey de Polonia, que debía acudir con su ejército. Pero la situación dentro de la ciudad era cada vez más crítica, con sus ciudadanos aislados y muriendo de hambre.

El héroe que salvó la ciudad

La Viena sitiada aguantaba la moral liderada por Rudiger von Starhemberg, al frente de las pocas tropas que quedaban intramuros. Cuando ya no podían aguantar mucho más, pidió un voluntario para llevar un mensaje al duque de Lorena y comunicarse con los polacos, con la esperanza de acelerar la ofensiva sobre el ejército turco.

Y así apareció Franz George Kolschitzky (Jerzy Franciszek Kulczycki en polaco, 1640-1694), un noble polaco descendiente de una familia de la actual Ucrania. Kolschitzk era traductor e intérpretre, diplomático, mercader y también soldado, que dominaba varias lenguas. Gracias a su fluidez con el polaco, turco, alemán y húngaro, y su gran valentía, se convirtió en el héroe que salvaría la ciudad.

Este osado personaje consiguió traspasar las líneas enemigas infiltrándose entre las tropas otomanas vistiendo un uniforme turco y, según se dice, pasando desapercibido entonando canciones militares. Kolschitzky logró llegar hasta el duque llevando el mensaje de socorro de la ciudad, y consiguió volver a Viena con la respuesta. De hecho, no sería el único viaje que haría atravesando el ejército otomano, ya que gracias a él se pudo coordinar el rescate de la ciudad y la ofensiva sobre los turcos.

Un delicioso botín de guerra para los vieneses

La batalla decisiva fue rápida y violenta, pues apenas duró dos días en aquel mes de septiembre. El ejército otomano huyó prácticamente con lo puesto, dejando sus campamentos, enseres y animales sobre el campo de batalla. ¿Y qué se encontró Kolschitzky entre el botín de guerra? El apreciado café turco.

La leyenda cuenta que, a la hora de repartir todo lo incautado del enemigo, nadie parecía tener interés por los sacos de café; en Viena todavía no se sabía qué era aquello. Pero Kolschitzky sí sabía apreciar esos extraños granos y pudo quedarse con ellos. Ya convertido en un héroe condecorado y honrado en la ciudad, recibió la primera licencia oficial para abrir un café en Viena, y así enseñó a los vieneses qué era y cómo preparar un delicioso café.

El mítico café “de la botella azul” y el legado del héroe

Según recogen las crónicas de esta historia, Kolschitzky abrió el primer café de la ciudad en la calle Schlossergassl, muy cerca de la catedral. Lo bautizó como Hof zur Blauen Flasche, “la casa bajo la botella azul”, también conocido simplemente como Zur Blauen Flasche. Allí dio a conocer a los vieneses y a los europeos que se acercaban qué era esa bebida oscura caliente, a la que pronto la capital se aficionaría en masa.

La leyenda se extendió a lo largo de los siglos XIX y XX, convirtiendo a Kolschitzky en una figura mítica y heroica, todo un símbolo histórico y cultural de los vieneses. Sin embargo, hoy sabemos que es poco más que eso, una historia ideada por Gottfried Uhlich a finales del siglo XVIII. Fuentes históricas afirman que en realidad el primer café de la ciudad lo abrió el espía armenio o griego Johannes Deodat, que trabajó para la corte imperial.

Poco importa realmente, pues Franz George Kolschitzky quedará para siempre como el gran héroe de guerra que además llevó el café a Viena. Se le venera casi como un santo patrón de los cafés, ya que el modelo tradicional de las cafeterías clásicas vienesas derivan del supuesto lugar “de la botella azul”. Incluso hoy se mantiene una calle bautizada en su nombre, en cuya esquina con la Favoritenstraße se alza una estatua del personaje, erigida en 1885 en su honor.

Probablemente no fue Kolschitzky quien abrió el primer café de Viena, y sus hazañas estarán hoy embellecidas por lo romántico de la historia, pero su leyenda permanece y ya forma parte de la historia de la ciudad. La cultura del café vienés, y de toda Europa, no podría entenderse sin recordar las osadas aventuras de este diplomático que ayudó a salvar la ciudad del invasor.

Fotos | Buchhändler, Dorotheum, iStock.com/babiychuk, Rrrainbow, AlexTimaios, KevinAlexanderGeorge

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