Cómo se vive en Cuba la auténtica pasión por el café

, 17 de octubre de 2016

Café en Cuba

Si te gusta el café tanto como a nosotros y eres aficionado a viajar, seguro que también disfrutas descubriendo cómo se prepara en otros países. Ya nos hemos acercado a otras culturas cafeteras conociendo algunas curiosidades de Suecia o Turquía, pero ahora cruzamos el Atlántico para adentrarnos en  Cuba, un país que tiene muchas maravillas por compartir, entre ellas su pasión por el café. ¿Te vienes de viaje con nosotros?

El viaje del café cubano

Café en Cuba

La producción y consumo de café en el Caribe empezó en Jamaica a principios del siglo XVIII. A Cuba llegaría en 1748, cuando el el Contador Mayor de Cuentas, José Antonio Gelabert, introdujo las primeras semillas de las plantas de cafeto en las islas. Fue él quien dio forma a la primera plantación de café en la finca de su propiedad, cerca de la Habana, aunque en su momento no vio grandes perspectivas de futuro en aquel mercado en potencia.

Pero a finales del siglo se produjo un hecho histórico que marcaría la historia de los cubanos, la revolución antiesclavista de Haití. Ante la destrucción de sus tierras, los colonos franceses que vivían allí huyeron para instalarse en Cuba, llevando consigo los conocimientos que tenían más avanzados sobre el cultivo y la producción del café. Esta bebida pronto conquistaría a los cubanos, convirtiéndose en parte inseparable de su cultura.

Las serranías de la gran isla de Cuba ofrecían unas condiciones ideales para el cultivo, por lo que se fueron extendiendo las plantaciones de cafetos en terrenos situados entre 500 y 800 metros sobre el nivel del mar. Tuvieron tal impacto en la composición del paisaje y la cultura cubanas que los vestigios de las primeras plantaciones, en la Sierra Maestra, forman parte del Patrimonio de la Unesco desde el año 2000. Son un testigo excepcional de la historia cubana y, también del desarrollo económico y social de todo el Caribe.

El devenir del café en Cuba, testimonio de su historia

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Los cubanos se convirtieron en grandes apasionados del café tanto en su consumo como en su producción, consiguiendo una valiosa reputación internacional a principios del siglo XX. Cuba vivió una gran expansión de sus cafetales, con variedades robusta y arábica, exportando cada vez más cantidades de granos a todo el mundo. En las primeras décadas de 1900 solo La Havana tenía más de 150 cafés, y se llegó a exportar más de 20 mil toneladas de café.

Sin embargo, con la revolución de 1959 todo empezaría a cambiar. El nuevo gobierno nacionalizó la industria del café y muchas plantaciones no pudieron hacer frente a la crisis económica. El embargo impuesto por EEUU y la crisis de la Unión Soviética, gran comprador de café cubano, llevaron a la producción cafetera a sus mínimos históricos, pero los cubanos supieron ingeniárselas para seguir disfrutando de su café. En los últimos años, las plantaciones y exportaciones de café en Cuba están viviendo un nuevo renacer.

El valor social y cultural del café en Cuba

Café en cuba

Cuando el viajero se adentra a pasear hoy por las calles de La Habana descubrirá rápidamente que el café es cosa muy seria. Sus habitantes disfrutan de la infusión de granos desde que se levantan hasta bien entrada la noche, y no solo porque les encanta esta bebida. El café en Cuba tiene una gran importancia social como elemento de su cultura. Del mismo modo que sucede en países como Turquía, tomar café es algo más que ingerir la dosis diaria de cafeína.

Poner una cafetera al fuego o salir a pedir una taza en algún local del barrio es un reflejo del carácter cubano, social por naturaleza. Se comparte café con las visitas, es una forma de mostrar hospitalidad y educación, ya sea con familiares y vecinos o bien con completos desconocidos. Puede que Cuba se esté abriendo más que nunca al resto del mundo, pero aquí no se lleva eso del café para llevar mientras se corre de un lado para otro. Disfrutar del café requiere su tiempo y su dedicación.

Alrededor de las pequeñas tazas humeantes se comparten noticias, chismes y cotilleos, se confiesan secretos y se hacen confidencias. Los amigos se reencuentran envueltos por el aroma a granos recién tostados y siempre hay un hueco en el día a día para compartir café con los seres queridos. No importan las circunstancias, los problemas cotidianos o la hora que sea, siempre es un buen momento para socializar junto a un café. Solo hay que indagar un poco en la música popular cubana para descubrir todas las canciones en las que se dedican versos a esta bebida.

Cómo se toma el auténtico café cubano

Café en Cuba

¿Y cómo les gusta tomar el café a los cubanos? Las costumbres y los gustos son un reflejo de las circunstancias a las que se han tenido que enfrentar. Como apasionados de esta infusión, en general el café en Cuba se toma corto y negro, con mucho cuerpo y aroma, endulzado con azúcar pero raramente con más añadidos. Casi siempre en taza, como si fuera un espresso italiano, y a pesar del calor húmedo que suele hacer en las islas, el café frío no tiene por el momento grandes aficionados.

Sin embargo, el café se convirtió en un objeto casi de lujo debido a los problemas económicos y los racionamientos impuestos a su población. Las dificultades de abastecimiento de café llevaron a muchos cubanos a mezclar los granos con chícharos, una especie de garbanzos tostados que se muelen junto a los granos. Todavía hoy se elabora la mezcla de café con chícharos, incluso se vende ya preparada en muchas bodegas, debido a su menor coste.

Pero este sucedáneo de café tiene muchos detractores que lamentan que continúe siendo una forma popular de ahorrar costes o de enfrentarse a la escasez de materia prima en el país. Afortunadamente, la reputación del café cubano está volviendo a crecer y aumenta poco a poco el interés internacional por comprar granos de Cuba, sobre todo de variedad Arábica, muy demandada por los japoneses en los últimos años.

cafe-espresso

En las calles de La Habana existen hoy muchos locales donde tomar café, aunque para gran parte de la población acudir a ellos es un lujo que no se pueden permitir. Por eso la mayoría de tazas que se preparan en Cuba proceden de los mismos hogares, que incluso hacen un pequeño negocio vendiendo directamente a los viandantes. Son las llamadas “ventanillas”, donde generalmente cobran 1 peso escaso por unidad, poco más de 3 céntimos de euro.

El café se sirve corto, en tacitas, solo y recién hecho, preparado en cafetera de moka estilo italiana. Para imitar la crema típica de cafetera expreso, en ocasiones se bate una pequeña cantidad de café con azúcar moreno hasta que espuma, y se añade al resto de la infusión. Además del sencillo cafecito, en Cuba es habitual tomar un cortadito, con una porción de leche vaporizada; café con leche, siempre con la leche caliente; o café colado, el mismo café cubano preparado en raciones más grandes para compartirlo en tazas pequeñas con amigos.

Para un cubano, el café tiene que tener mucho cuerpo y aroma, se sirve en tazas pequeñas recién hecho y, sobre todo, hay que tomarse su tiempo para disfrutarlo, mucho mejor en compañía. La pasión por el buen café en Cuba se vive siempre con los demás, es un elemento más del carácter social y hospitalario que siempre ha definido tan bien a los cubanos a través de sus distintas generaciones.

Fotos | Drift Mag, Y’amal, Simon Matzinger, Guillaume Baviere, Ivan210

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