El destete: cómo saber que ha llegado la hora y consejos para afrontarlo

, 22 de marzo de 2017

A pesar de que, tal y como os hemos comentado en numerosos artículos, dar el pecho a nuestro hijo implica múltiples beneficios tanto para su salud como la nuestra; y no obstante las virtudes de la lactancia prolongada, lo cierto es que llega un momento en el que, inevitablemente, deberemos dejar de hacerlo. Estamos hablando del destete, un cambio que puede llegar a convertirse en un auténtico acontecimiento y que deberemos llevar a cabo de la forma apropiada.

Pero, ¿cuál es la edad idónea para hacerlo? Y, lo más importante: ¿cómo? ¿Es recomendable realizarlo súbitamente, o resulta menos “traumático” empezar despacio? Hoy resolvemos estas y otras cuestiones para que lo afrontes con éxito y sin lágrimas de por medio.

Cuándo

Para empezar debemos mencionar que la lactancia va más allá de la mera alimentación y constituye uno de los momentos más íntimos entre madre e hijo. Dicho lo cual, los expertos no se ponen de acuerdo con qué edad es la más apropiada para dejar de dar el pecho. De hecho, se trata de una cuestión que varía enormemente en función de la cultura del país.

Por ejemplo, en la India resulta habitual que se alargue hasta los nueve años –pues la creencias populares consideran que cuanto más se mame, mayor será la esperanza de vida–, mientras que el Corán recomienda hacerlo hasta los dos años. El mismo periodo establecido por la Organización Mundial de la Salud, aunque esta entidad matiza que, en algunas circunstancias, este puede prolongarse en función del deseo de los implicados sin que por ello se produzcan consecuencias negativas.

De hecho, la antropóloga Kate Dettwyler fija la edad ideal entre los dos años y medio y los siete años. ¿Sus argumentos? Que es al alcanzar este sexto cumpleaños cuando los seres humanos alcanzan su autonomía inmunológica; y que esta ha sido, biológicamente, la duración natural de la lactancia.

La Guía de Lactancia Materna, manual para profesionales del Comité de Lactancia de la Asociación Española de Pediatría comparte sus afirmaciones; y también lo hace su análoga americana, que afirma que “no hay un límite superior para la duración de la lactancia materna, ni evidencia de un daño psicológico si se amamanta más allá de los tres años”.

A pesar de lo dicho, lo cierto es que, en la mayoría de ocasiones el destete acaba produciéndose como consecuencia de las rutinas, tanto de la madre como del niño. La completa reincorporación al trabajo, la falta de las condiciones óptimas para practicar la lactancia en diferido, la entrada del niño en la guardería y el cambio de la cuna a su propia habitación son algunos de los condicionantes más frecuentes.

Cómo saber qué ha llegado la hora


Ana María Pérez, matrona, nos cuenta que algunas de los motivos suelen ser “la incompatibilidad de horarios, las incomodidades aparejadas, que sufran dolor en el pecho como consecuencia de una mala succión en la que intervienen los dientes, que se aprecie el desarrollo de comportamientos de apego disfuncionales, que la madre esté enferma, etcétera”. Además también “puede suceder que el bebé pierda el interés por la lactancia cuando empiece a comer solido”, un tipo de destete iniciado por el propio niño.

Esto ocurre entre los cuatro y los seis meses, aunque algunos niños “se aburren un poco más tarde, alrededor de los doce”, cuando ya conocen realmente los ingredientes, saben lo que les gusta, e incluso son capaces de sujetar un vaso. Que sean muy activos e incapaces de estarse quietos en el sitio durante mucho rato también condiciona el amamantamiento.

Un nuevo embarazo también suele ser la razón para abandonar la lactancia, aunque se ha demostrado que no interfiere en ningún modo con la gestación. Sin embargo, las alteraciones fisiológicas pueden llevar al propio niño a rechazar el pecho.

Pero uno de los escenarios más complicados, es cuando la decisión viene del lado de la madre, sin que haya una causa de peso aparente, salvo el propio cansancio físico y psicológico. Es un dilema que muchas tienen, sobre todo en la lactancia prolongada, donde nunca se sabe cuándo es el mejor momento. Y es que el amamantamiento de los “grandes bebés” puede llegar a ser duro cuando ellos son muy insistentes y la “teta” es ese objeto de deseo que si no se tiene al instante, puede ser causa de rabieta, sea de día o de noche, en casa o en la calle.

Desde Mi Mundo Philips apoyamos la lactancia y animamos a todas las madres a practicarla por los beneficios que tienen siempre que sea posible, pero también respaldamos la maternidad libre y en este punto, si una madre decide parar porque no se siente cómoda o porque ha dejado de generarle ese momento íntimo y placentero, es que ha llegado su momento. La única recomendación posible es que hay estar muy segura de la decisión ya que necesitarás horas de paciencia y debes proyectar esa seguridad al pequeño.


Aquí la idea es iniciar el proceso de forma progresiva, sin acabar en ningún momento con la citada intimidad, que puedes mantener de otros modos: abrazándolo, contándole un cuento o similares. Empieza alargando el tiempo entre tomas, de manera que acabes la jornada con una menos de lo habitual; y reduce también la duración de las mismas progresivamente. Para que no se quede con hambre, dale algo más para comer cuando terminéis. De esta manera, además, tus pechos se irán deshinchando despacio, sin dolor.

El siguiente paso será probar a saltarte una toma, ofreciéndole, primero, una alternativa bastante similar como tu propia leche en un biberón, un vaso de leche de vaca y similares. Intenta distraerle llegado el momento para que no se acuerde y, si es más mayor, hazle razonar, diciéndole que lo dejaréis para más tarde.

En la lactancia nocturna, también puedes practicar el llamado “método padre”, que consiste en que el papá se ponga entre el bebé y tú, y que sea él el que gestione los ratos de rabietas, acompañándole con caricias y buenas palabras, hasta que logre calmarse y volver a dormir. Al cabo de unos días comenzará a comprender que la “teta” es para otro momento.

En cualquier caso, como decimos, la decisión es tuya, y tanto para terminar como para continuar, los que están alrededor deben respetarlo porque forma parte de un proceso natural donde, siempre, el sentido común es el mejor de los métodos que podemos seguir.

Imágenes | iStock: Rohappy, Chalabala, CroMary y oksun70.

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