Durmiendo con tu bebé: colecho ¿sí o no?

, 10 de junio de 2013

Ahora que tanto se habla de la crianza con apego y de sus prácticas, como la lactancia materna prolongada, llevar al bebé encima, el vínculo temprano entre madre e hijo, etc. hay una práctica que cada vez tiene más adeptos: el colecho, es decir, dormir cerca de tu bebé. Como todo, tiene sus ventajas e inconvenientes.

Antes de practicar el colecho debemos luchar contra generaciones enteras de madres y padres que dicen eso de “no le cojas en brazos que se acostumbra“, “si duerme contigo se va a mal acostumbrar“. Yo creo que el niño ya viene “mal acostumbrado” de la tripa. Ha estado nueve meses en un entorno cálido, recogido, oyendo constantemente los ruidos de su cuerpo y la voz de su madre, y claro, nace y todo el entorno es hostil. Normal que quiera estar en brazos de su madre o de su padre, oyendo el latido del corazón.

Estos primeras semanas tras el nacimiento de mi segundo hijo, la mayoría de las veces termina durmiendo entre nosotros. La cama es grande, no nos movemos al dormir y el pequeño se queda a gusto tras la toma y todos dormimos mejor. Con mi primer hijo al principio me empeñaba en que durmiera en la cuna y las noches se hacían eternas. El mayor también ha terminado durmiendo con nosotros cuando está malito, o cuando se desvelaba a las cinco de la mañana (a esas horas tengo poca fuerza de voluntad). Hoy en día, con dos años y medio, es un niño que generalmente va sólo a la cama y sin protestar, duerme del tirón y no dice ni mu en toda la noche. Así que tan mal no nos ha ido siendo flexibles con lo de dormir con nosotros.

Pero aunque en algunos casos el colecho me parezca una buena idea, lo que no me veo es durmiendo con un niño de cinco años en la habitación. Ni las habitaciones de hoy en día son tan grandes para anexar camas a la cama matrimonial ni el descanso de los padres sería igual.

Foto | Footloosiety
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