Educar la inteligencia emocional, ¿es una moda o ayudará a nuestros hijos?

, 8 de marzo de 2016

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En los últimos años, y gracias al psicólogo estadounidense Daniel Goleman, cada día se habla más sobre las inteligencias múltiples y principalmente sobre la inteligencia emocional. Ésta se podría resumir como nuestra capacidad innata para:

    • Gestionar nuestras propias emociones y estados de ánimo.
    • Motivarnos a nosotros mismos.
    • Perseverar en el empeño a pesar de las dificultades.
    • Comprender a los demás y ser capaz de empatizar con ellos.
    • Desbloquear “enganches” emocionales de personas y equipos.
    • Aprovechar la energía emocional para impulsarnos.

El dominar estas habilidades es fundamental para poder pilotar nuestras vidas desde nuestra voluntad propia y no desde la de los demás. Es lo que consigue que aprovechemos mejor nuestro potencial y precisamente este es el quid de la cuestión. No se trata de sacar mejor nota en un test de inteligencia clásico, sino de ser capaces de fomentar nuestro propio potencial innato. Esto es lo que nos lleva al éxito y nos hace prosperar en todas las facetas de nuestra vida.

Por todo lo anteriormente expuesto, considero tan importante y crucial, el fomentar la inteligencia emocional de nuestros hijos desde que son pequeños. Ya en algunos colegios han sido conscientes de esta necesidad y trabajan a diario con los niños en este aspecto, haciendo ejercicios diarios que han introducido como parte de la rutina de su aprendizaje. Tienen como objetivo el ayudar a los pequeños a reconocer sus emociones, a saber expresarlas y manejarlas correctamente, haciéndoles partícipes de sus propios sentimientos y del manejo de los mismos.

Ejercicios de práctica diaria

Hace una semanas, tuve la suerte de acudir a una “clase pública” en el colegio de mis hijos, en las que pude ver cómo trabajan este tema y que os explico aquí para daros una idea de cómo hacerlo vosotros con vuestros hijos: todas las mañanas, les preguntan “cómo se sienten hoy”. Si los niños son pequeños (de 2 a 3 años) lo expresan indicando el dibujo de la carita correspondiente a su estado de ánimo ese día. En el caso de los niños más mayores, lo expresan verbalmente. Luego les enseñan fotos con personajes en distintas situaciones (enfadados, felices, tristes…) y se practica dos cosas para mí importantísimas:

  1. La atención: podéis pedir a los niños que os digan todo lo que ven en la imagen; que se fijen bien para que perciban todos los detalles de la foto que tienen delante. De esta forma estáis fomentando su capacidad de atención, concentración y su percepción por los detalles.
  2. Interpretan las emociones que tienen delante. Aquí os doy un consejo, que sé que al principio puede sonar un poco extraño, pero con el que ayudaréis más a vuestros hijos a ser capaces de conectar con la emoción: pedirles que interpreten cómo se sienten los personajes de la imagen, pero desde su corazón. Si les pedimos que la interpretación la hagan desde su cabeza, aquí entra en juego el juicio, lo que esperan mis padres o profes que diga, mi miedo a decir lo que no debo… Por el contrario, si su opinión parte del corazón, será algo mucho más sincero y propio. De esta forma, les estamos enseñando desde pequeños a saber de dónde parten sus decisiones: si son desde su parte racional, o desde su verdadero deseo.

Yo muchas veces aprovecho por ejemplo el recorrido en coche hasta el colegio para jugar con ellos a que se vayan fijando en todos los detalles que encuentren: cómo se mueven hoy las nubes, de qué color son las hojas de los árboles…

Otras preguntas que hacerles a vuestros hijos

  • Yo les suelo preguntar todas las mañanas en el desayuno: ¿Cómo te sientes hoy?
  • Al finalizar la jornada de cole, o bien al final del día, aprovecho a indagar sobre posibles conflictos que hayan tenido ese día con sus compañeros o con alguna situación en clase y siempre les digo, ¿cómo te has sentido en ese momento? Y a continuación les pregunto:
  • ¿Qué cosas te harían sentir mejor si te vuelve a pasar lo mismo?, y son ellos los que piensan en sus propias soluciones (sin que intervenga mi opinión o consejo). Es muy común que los padres les propongamos soluciones que pensamos que les van a servir, solo por el mero hecho de que a nosotros sí nos valen. Sin darnos cuenta de que cada niño es distinto y tiene su propia percepción de las cosas.
  • Otra aspecto que me parece fundamental desarrollar en los más pequeños es la empatía. Para ello, preguntas del tipo ¿cómo crees que se siente ese niño (o tu hermano, o mamá o papá) cuando tú te comportas así (o haces esto)? En el momento que entienden cómo se ha sentido el prójimo, comprobaréis que su actitud cambia.
  • Cuando algo no les sale como ellos quieren y sienten la frustración o la rabia, utilizo mucho lo siguiente: ¿En qué te está ayudando o qué estás consiguiendo haciendo esto? Yo la utilizo mucho por ejemplo cuando tienen una rabieta. Primero les dejo que se desahoguen y se tranquilicen, y luego les hago esta pregunta. Suelen contentarme “en nada”, y entonces paso a la siguiente:
  • ¿Qué podrías hacer para conseguirlo?
  • ¿Qué te impide conseguir hacer esta tarea?
  • ¿Cúan importante crees que es realizar esta tarea?
niño enfadado

Son ejemplos de preguntas que adaptadas a cada circunstancia concreta y la edad del niño, consiguen que el propio niño sea consciente de la situación, y lo más importante, que sea él mismo el que encuentre la solución al problema. Son preguntas que se utilizan en coaching y que, aunque a simple vista no parezcan muy potentes, os animo a que las uséis con vuestros hijos y observéis los resultados. Vais a daros cuenta de cómo después de un tiempo, el comportamiento de vuestros hijos cambia en muchos aspectos.

Ser capaces de expresar vuestros propios sentimientos

No podéis olvidar que es igualmente importante el que vosotros también seáis capaces de expresar delante de ellos vuestras propias emociones. Cómo os sentís hoy, o qué sentís cuando no os obedecen, o expresarles humildemente que por ejemplo hoy estáis tristes o cansados por un problema en el trabajo o por lo que sea. Muchos padres confunden el expresar sus sentimientos con debilidad o falta de autoridad, y se trata de todo lo contrario.

Por ejemplo, estoy segura de que en algunos momentos habéis perdido los nervios y vuestra reacción ha sido desproporcionada. Yo en estas situaciones siempre les pido perdón a mis hijos. Al hacerlo, les demuestro que yo también me equivoco, pero que me importan tanto que no me avergüenza reconocerlo y pedirles perdón. Es una muestra de respeto absoluto hacia ellos. Y no os equivoquéis, esto no nos resta autoridad: demuestra nuestra humanidad, humildad y nuestro respeto hacia ellos. Lo increíble es que hasta ahora siempre me contestan lo mismo “no pasa nada mamá, no es para tanto; yo te quiero igual”. Tened siempre en cuenta que los padres somos el gran referente y espejo para nuestros hijos. Si nosotros somos capaces de expresar nuestros sentimientos o pedir perdón, les estamos enseñando a hacerlo a ellos.

Mi opinión es que no es sólo una moda. Es uno de los mayores regalos que podemos hacerles a nuestros hijos. Menos regalos materiales y más emocionales. En su vida inmediata y en su futuro, se tendrán que enfrentar a numerosas experiencias, a veces maravillosas, otras frustrantes o menos buenas. Si ayudamos y fomentamos el desarrollo de una buena y sana inteligencia para el control y manejo de sus emociones, les haremos personas más felices, más seguras de sí mismas, y con mayor capacidad de desarrollo de todo ese grandísimo potencial que tienen.

Fotos | iStock BrianAJackson Lisa5201
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