El café oscuro y fuerte no es mejor: mitos del torrefacto que debemos desterrar

, 18 de abril de 2016

Café torrefacto

Los mayores expertos en el mundo del café, baristas, productores y catadores no se cansan de insistir en que tenemos que abandonar el consumo de café torrefacto. Nosotros ya te hemos dado varias razones para desterrarlo por completo, pero los españoles nos empeñamos en mantenerlo en nuestras vidas. ¿Por qué ese apego? Repasemos algunos mitos del torrefacto para recordar que el café más oscuro no tiene que ser mejor.

El café torrefacto, negro, oscuro, brillante y fuerte, pero no mejor

Como consecuencia de su proceso de elaboración, el torrefacto se distingue fácilmente en la taza por su color profundamente negro, muy oscuro, con un tono brillante. Además en boca tiene un sabor muy fuerte, amargo y prolongado, sin aromas ni matices. Es una infusión que ya “pega” desde los aromas que desprende la taza, es plano, y que pide a gritos ser rebajado con leche o azúcar.

¿Por qué es tan oscuro y amargo? ¿Lleva una mayor cantidad de café en proporción con el natural? No, todo lo contrario. Las mezclas de torrefacto incluyen una cantidad de azúcar que se tuesta con los granos, caramelizándose hasta quemarse, envolviendo el café. Esto provoca que al elaborar la infusión el café obtenido tenga ese color tan negro y brillante, pero además recoge todas las malas cualidades del azúcar carbonizado.

La obsesión por un café “fuerte”

Cafe

La práctica del torrefacto era razonable en los tiempos de escasez entre las clases populares, especialmente en la posguerra, cuando había escasez de granos de café y además eran muy caros. El problema es que se convirtió en una costumbre que se ha mantenido hasta el día de hoy, cuando ya no tiene ningún sentido. ¿Qué lleva a los hosteleros a mantener el torrefacto en sus locales? Los clientes lo piden, y además consiguen ahorrar un poco.

Y es que en nuestro país hay una especie de obsesión por el café que se considera “fuerte”, hasta el punto de que si no se ve muy oscuro o no es muy amargo, el público protesta. Muchos trabajadores confían en su taza de café mañanera para arrancar la jornada, y tienen la falsa sensación de que si no va bien cargado no conseguirán rendir ese día. Pero, ¿es el torrefacto un “café cargado”?

Sabemos que no, es un mito que hay que desterrar. El color y el amargor lo producen el azúcar, no el café. De hecho, un café de buena calidad y correctamente preparado no tiene por qué ser tan amargo, realmente se disfruta mejor incluso solo, sin tener que añadir leche o algún edulcorante para rebajarlo, porque es agradable por sí mismo. Puede tener matices dulces, terrosos, de frutos secos o chocolate, que el torrefacto mata por completo.

La costumbre de tomar el café con leche y mucho azúcar

Café torrefacto

La manía de continuar pidiendo café torrefacto va de la mano de la costumbre de tantos españoles de tomar el café con mucha leche y mucho azúcar. Con la falsa creencia de que que es un café “fuerte”, se piensa que hay que rebajarlo para que no resulte desagradable. Es paradójico que el azúcar carbonizado del torrefacto nos obligue a añadir aún más azúcar, con las consecuencias negativas que esto tiene para la salud.

El ritual del café con leche y un par de azucarillos está tan implantado en nuestra sociedad, que no es extraño escuchar en una cafetería “Ponme el café bien cargado, que si no, no me sabe a nada”. En efecto, se busca un café muy amargo para tener la sensación de que, al añadir los demás ingredientes del desayuno, sigue estando cargado.

Café amargo no implica más cafeína

Otro error muy frecuente es creer que solamente el café amargo tiene mucha cafeína. El azúcar tostado, el agua mal preparada o la leche hirviendo también amargan el café, quemando los azúcares naturales y amargando su sabor. Pero un café potente de sabor no quiere decir que vaya a espabilarnos más, aunque existe el mito de que es así.

De hecho, en el otro lado de la moneda tenemos los cafés de elaboración lenta, los “slow brew”, que pueden tardar incluso horas en completar su infusión. El resultado son bebidas para auténticos gourmet del café, con infusiones claras de tonalidad muy ligera, que sorprenden a quien las prueba por primera vez. Estos cafés son muy suaves y agradables, pero curiosamente tienen mucha más cafeína que una de nuestras tazas habituales.

El torrefacto no extrae más propiedades del café

Café torrefacto

En los últimos años, con la difusión de noticias relacionadas con los beneficios que nos aporta el café, también se está extendiendo el mito de que el torrefacto tiene más propiedades. Es otra idea derivada de esa fijación por un café “fuerte” frente a lo que se cree que es un café flojo. La falsa creencia se basa en que el torrefacto sería una infusión más concentrada en nutrientes, pero no es así.

Al añadir ese azúcar a los granos antes del tueste, lo que hace el café es precisamente lo contrario; se convierte en un obstáculo para que estos liberen sus propiedades. El azúcar se quema, cubre los granos y elimina sus valores naturales. Por eso un torrefacto no presenta matices de aroma ni sabor, es uniforme y solo deja en el paladar una sensación amarga tostada.

Está claro que el café torrefacto sigue rodeado de muchos falsos mitos que tenemos que superar de una vez por todas. Nada se puede comparar a un buen café de tueste natural preparado con una cafetera de espresso Saeco, respetando todas las cualidades de este fantástico producto. Si eres un apasionado del café, tienes que eliminar para siempre el torrefacto de tu vida.

Fotos | Pixabay, Simon Sutcliffe, Craig Sunter, camilo gr

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