Embarazo y deporte ¿una pareja imposible?

, 15 de febrero de 2017

Si habitualmente disfrutas haciendo deporte, te encanta mantenerte en forma y te has quedado embarazada, seguro que te estás preguntado si resulta aconsejable seguir practicándolo en tu estado. Una duda muy frecuente sobre la que existen no pocos mitos y que sobre la que hoy trataremos de arrojar algo de luz.

Porque sí, la actividad física no solo no está reñida en el proceso de gestación, sino que resulta totalmente recomendable y te permitirá llevar un embarazo más saludable. Ahora bien, esta debe estar avalada por tu médico y controlada por un profesional. ¿La razón? Que deberá adaptarse a tus necesidades de ese momento.

Los beneficios


Pero vayamos con algunas de sus virtudes de manera más concreta. Sí, porque el ejercicio te ayudará a tonificar los músculos e incluso a ganar masa muscular, clave a la hora de quemar grasas y acelerar el metabolismo, algo que agradecerás durante la recuperación post-parto y que te permitirá recuperar la forma en poco tiempo.

Directamente relacionado con el anterior, otro de sus grandes beneficios tiene que ver con la prevención de la preeclampsia, el término que se emplea para referirse a la hipertensión y el aumento excesivo de peso. Es eficaz contra la diabetes gestacional, reduce el riesgo de padecer venas varicosas y trombosis venosas, atenúa los episodios de lumbalgia y ayuda a estabilizar el humor de la madre.

Esto último muy de agradecer cuando estamos con las hormonas en plena revolución y relacionado con la serotonina. Esta también te permitirá reducir el estrés y la ansiedad, y mejorará la calidad de tu sueño. Por no hablar de que te dejará verte mejor y reducir el efecto “psicológico” que pueden acarrear los cambios sobre la percepción de tu imagen corporal.

También reduce la constipación y acelera el movimiento intestinal, previene el deterioro de las articulaciones y activa el líquido sinovial y, en definitiva, te permite a tener un cuerpo más preparado y un corazón más fuerte para ese día tan especial: el parto.

Cuestiones básicas


Por otra parte y antes de ponerte manos a la obra, deberías conocer una serie de cuestiones básicas que tienen que ver con la intensidad del ejercicio y tus sensaciones, entre otros. Para empezar, mantente en un umbral de ritmo cardíaco que no supere los 110 o 120 latidos por minuto. En caso de empezar a hacerlo, reduce el esfuerzo.

Detente de inmediato si notas determinados síntomas de agotamiento como contracturas y calambres y ve con especial cuidado con las dificultades para respirar, podrían hacer que al bebé le falte oxígeno. Recuerda también hidratarte correctamente antes, durante y después de la sesión, preferentemente con una bebida que te permita recuperar la carga electrolítica.

Y, por supuesto, evita competir. Deja a un lado tu espíritu de superación y limítate a sentir, prestando atención a tus sensaciones corporales, a la respiración y disfrutando del momento. De lo contrario, podrías arriesgarte a hacer un sobre esfuerzo, algo totalmente contraindicado.

Qué tipo de ejercicio


La modalidad por la que te decantes será también crucial, un punto en el que evitar todo movimiento brusco será clave. Así, existen algunas muy recomendables como la natación, una actividad aeróbica cuyas características propias implican ciertas ventajas durante el embarazo. Nos estamos refiriendo, por ejemplo, al hecho de poder moverte con facilidad a pesar de esos kilos de más, del menor impacto sobre las articulaciones, de la relajación de la espalda, etcétera.

No obstante, descarta algunos estilos como la braza y el crol a favor de las espaldas y otros más suaves. Procura practicarla en un entorno tranquilo, alejado de las pelotas y las olas de gran tamaño si te decantas por la playa u otros ámbitos que exceden el de la piscina.

El yoga y el pilates son también muy recomendables, pues se trata de disciplinas suaves en las que controlar la respiración resulta fundamental; incluso existen “asanas” diseñadas para evitar determinados síntomas del embarazo como los vómitos y las náuseas, los dolores de cabeza y otros. Además y respecto de esta primera, es excelente para fortalecer la zona pélvica, que puede verse resentida durante el embarazo.

Los ejercicios con pesas (suaves y preferiblemente sentada), así como la caminata son otras de las recomendables. Por el contrario, deberías evitar los deportes de alto riesgo como el buceo, montar a caballo, el esquí y demás. El running, por su parte, debe practicarse con cuidado y en terrenos donde el impacto sobre las articulaciones se reduzca. La bicicleta puede acabar siendo peligrosa si pierdes el equilibrio y acabas cayendo al suelo.

Otras consideraciones

Más allá de lo comentado, debemos tener en cuenta que habrá que establecer una diferenciación entre aquellas madres que ya practicaban deporte antes del embarazo y las que no lo hacían. En el caso de las primeras, lo más recomendable es reducir la intensidad del esfuerzo e introducir el entrenamiento de fuerza (si no figuraba entre tus rutinas).

Si, por el contrario, eres de las segundas, deberás ir con más cuidado y empezar de forma gradual con trabajo aeróbico suave pero también con ejercicios que busquen mejorar la postura, reforzar la musculatura de la espalda y el suelo pélvico y, en definitiva, hacer tu vida más fácil.

Imágenes | iStock: MilanMarkovic, g-stockstudio, NataliaDeriabina y dolgachov

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