Incandescentes, halógenas, fluorescentes, LEDs… Diccionario para no perderse entre tanta luminaria

, 23 de noviembre de 2015

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Que la tecnología LED se va imponiendo en iluminación poco a poco es un hecho, sin embargo que todavía no está extendida en todas las casas también es una realidad. Las bombillas incandescentes, para muchos de nosotros las más tradicionales, sí que prácticamente han desaparecido ya, su fabricación está prohibida desde hace unos seis años y ya resulta raro encontrar una de ellas, pero sigue habiendo muchos halógenos y fluorescentes que conviven con los LEDs.

Para los nostálgicos que echan de menos las bombillas incandescentes convencionales, aclarar que su sustitución por otras opciones más eficientes era más que razonable. Cada vez estamos más concienciados en la necesidad de aprovechar bien los recursos energéticos del planeta y las bombillas incandescentes perdían mucha energía en forma de calor, convirtiendo en luz una parte muy pequeña de lo consumido. Con la capacidad tecnológica que tenemos hoy en día no tendría sentido mantenerlas.

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Durante mucho tiempo los tubos fluorescentes se convirtieron en una interesante alternativa a las bombillas incandescentes. Entre sus ventajas más evidentes está su bajo consumo, su escasa pérdida por calor y su larga vida útil, que muchos hemos podido comprobar. Pero la realidad es que tienen también inconvenientes, en especial que su luz es demasiado blanca y en determinadas estancias no ayuda a conseguir el ambiente acogedor deseado y también está ese pequeño retardo que existe en el momento del encendido.

Así que aunque hasta ahora hayan sido una buen opción para ahorrar energía con respecto a otras bombillas, hoy en día la tecnología LED los mejora considerablemente, compitiendo con ellos en sus ventajas y además, eliminando sus desventajas con una versatilidad infinitamente mayor en el color de la luz y sin problemas de retardo en encendido.

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En cuanto a los halógenos lo primero es tener en cuenta que en el fondo están basados en el mismo principio de funcionamiento que las bombillas incandescentes tradicionales, aunque introducen mejoras con respecto a ellas, incrementando la eficiencia y el rendimiento también comparten en cierta medida sus desventajas, como la disipación en forma de calor, aunque no sea tan exagerada la proporción.

Además las bombillas halógenas son extremadamente delicadas, hay que tener mucho cuidado con ellas al tocarlas para colocarlas o cambiarlas y se estropean con relativa facilidad por lo sensible de los materiales con los que están fabricadas. Pudiendo elegir entre un halógeno y un LED, la decisión a día de hoy la tenemos clara, los pros del halógeno son insuficientes, la tecnología LED es muy superior a todos los niveles.

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Es por eso que muchos fabricantes y vendedores se están centrando de forma exclusiva ya en ellos. Los LEDs están muy por encima de todas las demás opciones, pudiendo competir únicamente con ellos los fluorescentes en determinadas situaciones por un menor coste de la instalación… El LED gana en eficiencia energética, en bajo consumo, en vida media, en minimizar las pérdidas por calor y también en versatilidad en cuestión de iluminación porque permite soluciones estéticas que antes eran impensables.

Además de haber ido mejorando mucho en los últimos años multiplicando sus opciones y abaratando su coste, la tecnología LED sigue en constante desarrollo para ofrecer aún más posibilidades y cubrir todas las necesidades de iluminación de cualquier tipo de espacio.

La conclusión es que si tenemos en casa alguna instalación fluorescente o halógena podemos mantenerla, por ahora, pero si hacemos una instalación nueva o decidimos hacer algún cambio lo mejor será que nos orientemos hacia los LEDs, ya que en este momento y en un futuro a corto o medio plazo es lo mejor que tenemos para iluminar nuestro hogar con mucha diferencia.

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