Las fases del desarrollo de un bebé: mi bebé es más listo que el tuyo

, 20 de junio de 2014

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Ya sabemos que a las madres nos encanta comparar a nuestros bebés, pero en cuestión de desarrollo, es una tontería hacerlo. Cada niño tiene sus fases y que arranque antes o después a andar o a hablar no significa que será más o menos listo. Los pediatras manejan unas tablas con las habilidades y logros psicomotrices con las actividades que son habituales que hagan a cada edad, pero son simples guías orientativas.

Tabla de desarrollo de los bebés

Estas tablas no se debe leer e interpretar a rajatabla (nunca mejor dicho). Nos sirven para comprobar que nuestro bebé está haciendo con normalidad las actividades que le corresponden según su edad: cómo va socializando con quienes rodean, cómo va adquiriendo el lenguaje, cómo va mejorando la habilidad de sus manos para manipular objetos, o cómo va logrando moverse autónomamente cada vez más.

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También nos indica cuando hay signos de alerta de que el niño va demasiado atrasado. No se trata de problemas graves, probablemente con un poco de estimulación extra se ponga al día enseguida, pero son puntos a los que debemos prestar atención y comentar con nuestro pediatra en caso de duda, para ver si debemos tomar medidas al respecto.

En las consultas de los pediatras cada vez ponen más atención al desarrollo psicomotor, y en caso de problemas, enseguida redirigen a los niños a los programas de estimulación temprana que consiguen que niños que presentan dificultades en su desarrollo se pongan a la altura del resto de niños. Recordemos que en esta época de su vida y de crecimiento, los niños son auténticas esponjas que aprende muy rápido y que observan todo lo que sucede a su alrededor, para imitarlo y copiarlo.

Cómo estimular al bebé

Al bebé se le estimula jugando con él, con el contacto físico y emocional que le dan los padres y los abuelos, hablándole, cantándole, enseñándole a manipular los juegos, permitiendo que aprenda él solo, se equivoque, se manche o se caiga de vez en cuando (aunque siempre vigilándole).

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Los niños cómo más aprenden es por imitación, así que si te sientas delante de ellos, tratarán de copiar tu manera de hablar, de manipular objetos, y aprenderán para que sirve el peine, la cuchara… También aprenden enseguida lo que es un NO y debemos marcar las pautas de lo que pueden y no pueden hacer.

Aunque debemos vigilar su aprendizaje y sus logros (y sobre todo, fomentarlos y alegrarnos con ellos, para que vean que han conseguido hacer algo importante), también debemos permitirles cierta libertad. Si nunca coge la cuchara para comer (aunque se manche de arriba abajo y manche la mitad de la cocina), no aprenderá a hacerlo bien o aprenderá a hacerlo tarde. Tampoco debemos transmitirles nuestros miedos y estar todo el día detrás de ellos, porque sino criaremos a un niño miedoso. Todos nos hemos hecho chinchones y son imprescindibles para crecer.

Así que en el punto intermedio está lo correcto: ayudarle y estar al lado del niño en su exploración del mundo, y al mismo tiempo, permitirle que él vaya siendo cada vez más autónomo según va creciendo. Cada padre debe valorar dónde se siente más a gusto en esa permisividad / vigilancia.

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