Las momentos límite de los padres: 7 situaciones que deberías tomarte con más calma

, 16 de noviembre de 2016

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Antes de ser madre no me lo hubiera imaginado, pero ser padre o madre puede tener momentos estresantes. He estado en trabajos considerados de mucho estrés y aún así, mis nervios no se disparaban como lo hacen desde que tengo dos hijos pequeños a mi cargo. La mayoría de los padres vivimos constantemente preocupados, porque a las obligaciones laborales se unen las tareas de casa y por supuesto, el cuidado de nuestros hijos, que siempre es una prioridad para nosotros. Parece que siempre estamos corriendo y con prisas, pero tenemos que aprender a disfrutar el tiempo que estamos con nuestros hijos.

Situaciones que siempre consiguen ponerme al límite

Cuando tengo prisa y ellos no. Las mañanas en las que tenemos que llegar a tiempo al colegio (o a coger el bus) y tú tienes prisa, pero ellos no entienden ese concepto de que haya una hora a la que llegar. Tardan en comer 3 veces más de lo normal, en lugar de cambiarse de ropa se entretienen mirando sus cromos o jugando con sus juguetes, lavarse los dientes parece una tarea titánica para la que son necesarios ¡15 minutos! Y ves que la hora límite para salir de casa se acerca cuando el pequeño aún no ha terminado de beber la leche.

Cuando hay que decirles 50 veces la misma orden para que la cumplan. ¿Cuántas veces es necesario repetir una sencilla orden para que los niños obedezcan? Luego normal que las madres tengamos fama de pesadas, yo también estoy harta de repetir que recojan los juguetes.

Cuando no terminan de comer el plato. Aquí reconozco que he tenido bastante suerte y mis dos hijos comen bastante bien. Pero hay veces que se eternizan comiendo un plato hasta que se les queda totalmente frío. Normal que ya no les apetezca comer más, han acabado de hacer la digestión sin terminar de comer todo.

Cuando se ponen caprichosos y cabezotas. Mi hijo pequeño es capaz de repetir 50 veces lo mismo hasta que se sale con la suya (me pregunto de quién lo habrá aprendido), y generalmente, es algún capricho que nunca va a conseguir: quiero chocolate, quiero chocolate, quiero chocolate, quiero chocolate, quiero chocolate, quiero chocolate, así hasta que te vuelve loca.

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Las rabietas. Vienen sin avisar, en el momento que menos te lo esperas, y sobre todo, en el lugar menos adecuado, por ejemplo, cuando estás rodeado de gente extraña que te mira como si fueras una mala madre que no sabe controlar a sus hijos. Dicen que los terribles dos años son la edad más típica de las rabietas, pero ¡ojo!, de más mayores también las tienen.

Cuando ves que tras haber estado recogiendo toda la casa durate una hora, ellos tardan en desordenarla ¡2 minutos! Es imposible mantener el orden en una casa con niños pequeños, ni siquiera cuando ellos te ayudan a recoger.

Cuando se pelean entre ellos. Tienen cientos de juguetes, pero curiosamente el que más desean es el que tiene su hermano. Y ya está el lío montado.

Cómo evitar los momentos límite

Con el tiempo he aprendido a prever algunos de estos momentos límite y atajarlos antes de que se produzcan. De hecho, hay situaciones que se pueden evitar, por ejemplo, los niños siempre están más quejosos y propensos a las rabietas si están cansados.

Para organizarte con todas las cosas que tenemos a hacer el día siguiente, evitar situaciones de estrés, una buena planificación es fundamental, y estas recomendaciones te pueden ser de ayuda:

  • Prepara todo lo que puedas la noche anterior (la ropa de los niños para el cole, la comida del día siguiente, deja la cocina limpia y ordenada), así adelantarás trabajo para que la mañana vaya sobre ruedas.
  • Piensa por qué el niño está actuando así: ¿está cansado?, ¿hambriento? a veces, los niños con su mal comportamiento lo único que buscan es llamar la atención.
  • Evita y prevé antes de tiempo las situaciones críticas. Trata de divertirte con tus hijos, de que estén de buen humor, así será más fácil que te obedezcan y más difícil que te lleven la contraria.limites-hijos-3
  • Practica una escucha activa de tus hijos. Mírales a los ojos y atiende lo que dicen. No significa que les digas a todo que sí, pero las normas son más fáciles de seguir si se sienten escuchados y respetados.
  • Dales la seguridad de que serán atendidos y escuchados. Respétales pero mantén tu autoridad. Los niños necesitan reafirmarse, y aunque les digas que no, hay que explicarles porque no y cuando podrán cumplirse sus deseos.

A todos estos consejos, un último del que te harán falta grandes cantidades: paciencia, paciencia y más paciencia.

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