Esto es lo que tu piel necesita para combatir el frío

, 15 de enero de 2018

cuidado piel en invierno

Manos cuarteadas, labios cortados, rojeces en el rostro más allá de mejillas sonrosadas… ¿También le pasa esto a tu piel cuando comienzan a bajar las temperaturas? Si eres de las que en verano vive pegada a la crema solar pero en invierno se olvida del cuidado de su epidermis, sigue leyendo.

La clave para lucir una piel sana y lustrosa de enero a diciembre es algo tan simple (y no siempre tan fácil) como atenderla cada día. Y ofrecerle unos mimos especiales cuando el invierno llega. La hidratación, una vez más, es el mejor remedio contra la pérdida de tersura y brillo.

¿Cómo mantener la piel en invierno —especialmente del rostro— hidratada? En primer lugar, siendo constantes y aplicando cada mañana y cada noche una crema que persiga este objetivo. Un truco: en los meses fríos apuesta por las lociones que estén hechas con aceites vegetales —de almendra, por ejemplo— como ingrediente base.

Muchas de las llamadas “cremas de noche” cumplen este requisito y crean sobre la piel algo así como una capa protectora que la mantiene hidratada durante más tiempo. Vía libre para emplearlas también como cremas de día en las jornadas más gélidas.

El enemigo está ahí fuera

No todo depende de tu propio cuerpo: hay factores externos que dañan tu piel en invierno de sobremanera. Los cambios bruscos de temperatura, por ejemplo, son de lo más agresivos con nuestra epidermis. Y las calefacciones, responsables de resecar el ambiente de hogares y espacios de trabajo, también tienen mucho que ver.

En esos casos, la solución puede pasar por introducir en nuestro salón (o despacho) un humidificador como este de Philips. Mantendrá a raya el grado de humedad de las habitaciones y, por tanto, contribuirá a que tu piel no se deshidrate en cuanto llegues de la calle.

humidificador cuidado piel invierno

Exfoliar sí, pero con sumo cuidado

Cuando nos hacemos a una rutina, a veces, no hay quien nos saque de ahí. Pero siempre es importante escuchar a nuestro cuerpo y atender a las señales que nos está enviando. Es decir: por mucho que tu costumbre sea exfoliar tu rostro dos veces a la semana, si tu piel está seca y dañada será mejor que pospongas la exfoliación unos días.

En su lugar, puedes aplicar una mascarilla hidratante o reparadora. No solo te dejará el cutis como nuevo sino que también te regalará un ratito para ti misma, para que te cuides y te relajes.

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Échale una mano a tus manos

Porque te habías olvidado los guantes y si volvías a casa perdías el bus. Porque pensabas que 5 grados no te dejarían los dedos congelados. Porque tenías que mandar un whatsapp y te quitaste las manoplas para escribir. Sea por el motivo que sea, tus manos, en invierno, sufren un montón.

Además de protegerlas con unos buenos guantes (los complementos de invierno dan mucho juego para alegrar cualquier look), acostúmbrate a llevar en el bolso una crema específica. En cuanto llegues a la oficina o entres en el metro aprovecha para aplicártela: es un gesto sencillo que te dejará unas manos suaves y bonitas y te ayudará a prevenir afecciones mayores que la deshidratación.

Un baño caliente… pero que no arda

Lo entendemos: después de una tarde de paseo congelándote de frío, lo que más te apetece al llegar a casa es preparar tu bañera y zambullirte allí. Es un buen plan… siempre y cuando el agua no esté excesivamente caliente.

¿Por qué? Porque si la temperatura está demasiado elevada, el agua dañará el manto hidrolipídico de tu piel, una capa que protege la epidermis y mantiene su hidratación.

Protegidas del sol invierno y verano

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Tenemos asumido que en verano, antes de exponernos al sol, debemos embadurnarnos en crema protectora. Pues en invierno no debemos deshacernos de este tip. Seas o no de las que pasan los fines de semana invernales esquiando, no olvides que una hidratante con un factor SPF adecuado será la mejor amiga de tu piel.

Y, cuando hablamos de piel, no hablamos únicamente del rostro. Todo tu cuerpo merece unos mimos cuando el termómetro decae, especialmente las zonas sensibles como el cuello o los pies. Si durante el invierno también hidratas y cuidas tus talones, llegarás a la primavera más que lista para lucir sandalias.

Imágenes | Philips, Unsplash – Eli DeFariaAlexandru ZdrobăuHolly Mandarich

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