Mi niño es más alto que el tuyo

, 11 de octubre de 2012

Y más guapo, y más listo. Las madres somos así, no lo podemos evitar, y por mucho que las comparaciones sean odiosas, no podemos dejar de observar otros bebés, mirar al nuestro, y hacer comparaciones de tamaño, peso, habilidades, etc. entre nuestros pequeños. Y las conversaciones entre madres casi siempre son iguales: cuánto come el tuyo, cuándo hace sus necesidades, qué es capaz de hacer y qué no, a qué edad comenzó a gatear, caminar, hablar… así hasta el infinito (y hasta el hastío de cualquier no madre que tenga la desgracia de entrar en ese círculo de madres).

Nos falta el manual de instrucciones

Puede que seamos cansinas, pero es que en el paritorio nos dejaron con un ser pequeño, delicado, frágil y llorón al que no sabemos manejar. No existen cursos que expliquen cómo cuidarlo, ni nos entregan ningún libro de instrucciones al que recurrir cuándo se nos agotan las ideas. Así que la única manera de tranquilizarnos es hablar con otras madres, preguntar, comparar, y ver si nuestro hijo está creciendo bien, sano, y cuándo empezará a demostrar sus habilidades para que comentemos eso de “¡Mira qué mono!”. Y por supuesto, nuestro niño es nuestro orgullo, se nos cae la baba con él ¡cómo no vamos a presumir de él! Vamos, que comparar es humano.

Afortunadamente (o no), tenemos internet. Y las búsquedas en Google de bebés y sus cuidados son muy frecuentes. Y lo mismo que algunos sitios nos son de utilidad para ver cómo va desarrollándose un bebé de seis-doce-dieciocho meses, y para resolver dudas frecuentes (como la página web de Philips AVENT) otra veces puedes entrar en foros en los que a los bebés les han pasado todas las desgracias posibles que te pueda imaginar. Un horror, así que internet y bebés son herramientas que debemos manejar con precaución. Si pensamos que lo de nuestro bebé realmente es preocupante, para eso está el pediatra.

Todo es normal

Si preguntas a un pediatra por cosas de tu bebé que te parecen raras, probablemente te conteste “Eso es normal“, sea cual sea la pregunta. Y es que ellos están acostumbrados a ver todo tipo de casos. La mayoría de las veces te dan referencias de cuándo empieza a sonreír, mantenerse sentado, gatear, andar… Pero cada niño es mundo y “lo normal” no funciona para todos los bebés.

Se supone que el cordón umbilical se cae a los diez días de nacer (aproximadamente). Eso no se lo debieron explicar a mi niño, quien con dos meses seguía teniendo esa cosa arrugada colgando del ombligo, paro desesperación de abuelas y vergüenza pública. ¡La de explicaciones que tenía que dar a las otras madres en las clases de masajes para bebés!. Menos mal que la enfermara consiguió soltar el pequeño hilo que quedaba y el niño por fin se quedó sin ese recuerdo del embarazo.

Y así, cualquier madre te podría contar mil anécdotas similares. Cada niño tiene sus fases de desarrollo, su etapa en la que crecen de golpe y su etapa en la que por lo que sea, comen menos y cogen menos peso. Así que obsérvale, pero déjale su tiempo para aprender cosas nuevas, cada uno tiene su ritmo y todos terminan comiendo solos, haciendo sus necesidades en el wáter, hablando, andando solos y durmiendo de un tirón en su cama. El misterio es cuándo lo conseguirán, aunque mi niño, con lo listo que es, probablemente lo hará antes que el tuyo.

Mi mundo Philips | Los cólicos, la pesadilla de los padres

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