Mi pequeño niño ya no es un bebé

, 16 de enero de 2013

Parece que fue ayer cuando me lo pusieron en brazos por primera vez, tan pequeño, tan indefenso, tan centrado en sí mismo y en sus necesidades, y con tanto desconocimiento y desconexión del mundo. Pero mi hijo ya no es un bebé, ya ha cumplido dos años y ya ha pasado casi todas esas fases y etapas de crecimiento por las que pasan todos los bebés.

Gatear, andar, correr

Ya es capaz de moverse él solo, y le encanta correr y saltar. Aprendió pronto a gatear (con 7-8 meses) y tarde a andar (unos 16 meses). Pero ya es capaz de moverse autónomamente y pronto dejaremos de usar el carrito para él. Su hermano nacerá en mayo, así que pasaré de empujar una silla a empujar de nuevo un cochecito.

La comida

Con ocho meses vino el destete, luego llegaron los biberones, las papillas, los purés, sus primeros alimentos sólidos, y ya come prácticamente como un adulto y es capaz de comer de alimentarse él mismo con la ayuda de utensilios diseñados especialmente para él.

Le cedo la palabra

Mi hijo ya habla (de hecho, no calla), hace frases bastante largas, y se pueden mantener conversaciones con él, lo cual facilita mucho la comunicación y evita bastantes berrinches por su parte. Podemos hasta razonar y negociar con él. De hecho, nos sorprende con algunas conjugaciones de verbos y algunas conclusiones lógicas a las que llega su pequeña mente (¿cómo es posible que aprendan tan rápido?).

El último hito, los pañales

En el colegio ya se maneja bien sin pañales, casi sin accidentes. En casa lo intentamos hace un par de meses, y le vimos tan reacio, que lo dejamos estar con pañales un poco más de tiempo. Nos ha dado algo de pereza por el mal tiempo del invierno, pero veo que ya está preparado, y que si insistimos, es capaz de hacer sus necesidades en el orinal sin problemas. Y con los pañales, se irá la última señal de que es un bebé para pasar a ser un niño.

Así que le observo, y me alegra ver sus progresos, pero por otro lado me da pena lo rápido que ha pasado el tiempo. Echo de menos mecer en mis brazos un pequeño bebé. Es curioso lo poco que significan a veces dos años para un adulto y lo mucho que significan para un recién nacido en su evolución.

Me consuela pensar que dentro de unos meses nacerá mi segundo hijo y será divertido volver a empezar otra vez con todo el proceso.

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