¿Qué son los vatios y los lúmenes? Pequeña guía práctica para elegir bombillas

, 2 de junio de 2015

 

 

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El cambio de las bombillas clásicas por las de bajo consumo nos puede poner en problemas a la hora de elegir su intensidad. Desde siempre nos hemos acostumbrado a identificar las bombillas adecuadas por sus vatios e incluso hemos llegado a pensar que el vataje de una bombilla es indicador de su intensidad luminosa, cuando en realidad no es así.

Lo que nos indica el número de vatios, en realidad, es el consumo de energía en la unidad de tiempo. Para medir la intensidad luminosa en el Sistema Internacional de Unidades tenemos el lumen, pero conceptualmente es una unidad mucho más complicada de entender.

Por eso, mientras teníamos un único tipo de bombillas, pudimos relacionar la proporción entre el consumo de una bombilla y su rendimiento lumínico, que era constante y así hacernos una idea de toda la información con un dato solo.

Ahora al tener diferentes tipos de bombillas la cosa se ha complicado, porque tenemos bombillas que con un consumo inferior en vatios tienen una intensidad lumínica superior a la de las bombillas tradicionales. Lo que las marcas hacen normalmente es añadir la información en vatios de cual sería el equivalente de su bombilla de bajo consumo con una tradicional… pero tal vez sea el momento de que nos vayamos poniendo al día en cuestión de lúmenes.

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En las bombillas que compramos hoy en día podemos encontrar tres datos numéricos de interés. Por un lado están los vatios (W) reales que esa bombilla consume y que divididos entre mil (para pasar a kilovatios) y multiplicados por el número de horas, que vaya a estar encendidas la bombilla, nos dará el número de kilovatios-hora que la compañía eléctrica, proveedora de nuestro servicio, nos va a facturar por su uso.

Por otro lado está la equivalencia a los vatios que una bombilla de similar intensidad tendría si fuese una bombilla tradicional. Eso nos permite por un lado, hacernos a la idea de cuanto va a iluminar y por otro nos permite comprobar el ahorro energético que supondrá el uso de esta bombilla de bajo consumo y que se traducirá en un ahorro económico, obviamente.

Pero en la parte trasera del embalaje también viene la información de la intensidad luminosa en lúmenes (lm) y es con esa con la que también es conveniente que empecemos a familiarizarnos. Aunque es complicada a nivel conceptual, porque es el producto de una candela por un estereorradián, unidad de ángulo sólido o tridimensional, no es tan difícil que nos hagamos a la idea de los tres o cuatro valores que realmente nos interesan para ella.

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El fin de las bombillas tradicionales está cerca y es probable que, en unos años, deje de tener sentido incorporar en la información la equivalencia en vatios con una bombilla incandescente. Es algo así como lo que sucedió con los euros y las pesetas, a día de hoy ya no tiene sentido pensar en las segundas y es muy raro encontrar información en ellas, aunque durante bastante tiempo se mantuvieron los dos precios.

Es por eso que es bueno que conozcamos como mínimo estos tres datos:

  • Una bombilla incandescente de 40 W tenía unos 450 lm, que son los que corresponden a una bombilla LED de 5 W.
  • Para una incandescente de 60 W, el dato de intensidad sería de unos 800 lm, que se corresponden con una LED de 9W aproximadamente.
  • Las incandescentes de 100 W tenían unos 1500 lm, que se corresponden con 20 W en bombilla LED.

De ese modo podremos elegir la bombilla por su intensidad luminosa, que en realidad es lo que más nos interesa, independientemente del tipo de bombilla que sea. Hay que tener en cuenta que podrían aparecer nuevos tipos de bombillas con un vataje diferente, pero que una intensidad lumínica de 1500 lm siempre será la que queremos para esas bombillas de la lámpara del salón, por ejemplo.

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Con todo yo iría un poco más allá, porque el desarrollo de las bombillas de bajo consumo está dando lugar a luminarias que alcanzan intensidades muy superiores a las que se conseguían con bombillas incandescentes, especialmente pensadas para su uso en exteriores y en alumbrado urbano. Es decir, hay bombillas con intensidades que antes no existían y para esas no tenemos referencia.

Para esos casos lo mejor es que tengamos el dato del número por el que tenemos que multiplicar los vatios para obtener la intensidad en lúmenes, ese dato solo tiene el inconveniente de que varía para cada tipo de bombilla. Era 14 aproximadamente en el caso de bombillas incandescentes, es decir, una bombilla incandescente proporcionaba 14 lm por cada W de consumo, pero este número ha subido con los nuevos tipos de bombillas y es 40 en el caso de los tubos fluorescentes, por ejemplo, y alrededor de 88 en el caso de las bombillas LED.

Resumiendo, teniendo la referencia de 450, 800 y 1500 lm como intensidad luminosa de las bombillas más usadas, que desde siempre han sido las de 40, 60 y 100W en incandescente, podemos hacernos a la idea de cual es la intensidad de cualquier bombilla LED si multiplicamos su vataje por 88 lm/W y comparamos. De este modo no habrá dato que se nos resista y no tendremos que quedarnos un buen rato mirando el estante de las bombillas antes de decidir.

Así, por ejemplo, una bombilla LED de 60 W de consumo, que las hay, tendría más de 5000 lm (60 x 88 = 5280 lm) y equivaldría más o menos a 3 de 100 W (1500 lm) y 1 de 60 W (800 lm) de las incandescentes de toda la vida, iluminando todas a la vez en el mismo punto. Las cuentas son fáciles de hacer.

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