Cómo saber si tu hijo tiene alergia

, 2 de marzo de 2017

A pesar de que la llegada de la primavera lleva aparejados cambios tan agradables como la subida de las temperaturas y da lugar a bellos paisajes perfectos para disfrutar en familia, también trae consigo algunos inconvenientes. Es el caso de las alergias causadas como consecuencia de la floración y que afectan no solo a los adultos, sino también a los más pequeños de la casa.

Por desgracia, identificar los síntomas y saber si nuestro hijo la padece, no siempre resulta fácil; algo que también sucede con las alergias alimentarias y que, sin embargo, podemos detectar de la mano de estos consejos. Hoy recabamos algunos de los síntomas clave en los que deberías fijarte, así como los posibles abordajes.

Qué es la alergia

En primer lugar, cabe comentar qué es la alergia, cómo se produce y a qué nos referimos cuando mencionamos a los alérgenos. Así, se trata de una patología que afecta al menos a un 30% de la población y que consiste, básicamente, en una reacción del sistema inmune ante un agente que considera “malo”.

Un respuesta inflamatoria exagerada y anómala ante los llamados alérgenos, tolerados por gran parte de la población; y que puede llegar a ser muy perjudicial para quien la padece en los casos más extremos. De hecho, estos elementos pueden ser tremendamente variados y abarcan desde alimentos concretos, alérgenos ambientales (como los ácaros, el pelo, el moho y similares), los hongos, las gramíneas y demás.

Cómo se manifiestan


Algunos de los síntomas más evidentes de la alergia son la dermatitis atópica y las urticarias, así como otro tipo de lesiones en la piel como la hinchazón, escozor y similares. Las rojeces también son frecuentes. En el caso de que sea el sistema respiratorio el afectado (lo más habitual en las alergias primaverales por gramíneas), la rinitis, conjuntivitis, picor de boca o garganta, estornudos reiterados, mucosidad acuosa y excesiva, y a tos persistente son otros rasgos.

Respecto a estos últimos, es posible confundirlos con los de un leve catarro, también muy frecuentes durante esta época del año en la que las  todavía se encuentran estabilizándose. La frecuencia de estornudos y la consistencia de la mucosidad, así como la ausencia de fiebre son claros indicativos.

La detección y prevención, clave


Dicho lo cual, confirmar si nuestro hijo padece alergia resulta fundamental; una labor para la que existen varias pruebas. Una de ellas es el análisis de sangre, en el que el incremento en los niveles de inmunoglobulina E puede ser indicativo. Otra opción será someterle a un test cutáneo (con inyecciones intradérmicas o contacto sobre la piel en función de la edad) y a un test de provocación. Estos últimos consisten en la administración de un fármaco o alimento sospechoso y en la evaluación de los síntomas que aparecen tras hacerlo.

Será a partir de entonces cuando el correspondiente profesional deberá prescribir un tratamiento (habitualmente antihistamínicos y similares). Sin embargo, una de las mejores armas que tenemos contra ellas es la prevención. Aquí la idea será alejar y enseñar a nuestro hijo a alejarse de los alérgenos. Una correcta higiene en casa (no solo consiste en pasar el polvo sino en lavar las mantas, aspirar los cojines y demás con regularidad) evitará los ácaros de polvo. Duchar a las mascotas al menos una vez a la semana también resolverá muchos problemas, sobre todo si son curiosas y suelen meterse en cada recoveco.

Imágenes | iStock: geengraphy, LDprod y yaruta

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