Tu hijo es lo que tú comes

, 6 de marzo de 2013

Muchas madres se desesperan con lo mal y poco que comen sus hijos. Pero que un niño sea buen comedor depende en gran medida de lo que está acostumbrando a ver en casa. Tu hijo es lo que tú comes.

Comiendo de ti desde la tripa

Desde que estás embarazada, tu hijo empieza a comer de ti. Tu cuerpo requiere bastante nutrientes y es preciso llevar un alimentación completa, sana y variada y además tomar los suplementos que te recete el ginecólogo, que suelen ser hierro, ácido fólico, y yodo.

La base de la alimentación la deben componer los cereales (a ser posible integrales que aportan más fibra), fruta, verduras, y las hortalizas, sin olvidar complementar tu dieta con lácteos (mejor desnatados o semidesnatados), carnes, pescados, huevos y legumbres. Y restringe el consumo de comida preparada, aceites, grasas, fritos, salsas, pasteleria, y azúcares.

No se trata de comer por dos, durante el primer trimestre el aumento de aporte enérgetico debería ser de unas 150 kcal por día y en el segundo y tercer trimestre, de unas 350 kcal. El objetivo es aumentar de peso unos 10-12 kilos en todo el embarazo, algo que te permitirá llegar al parto en plenas facultades.

Es mejor hacer cinco comidas ligeras, que pegarte la gran comilona en dos ocasiones en todo el día. Te facilitará la digestión y evitarás las naúseas y los ardores típicos del embarazo.

Durante la lactancia

La lactancia hace que el incremento enérgetico diario deba rondar los 500 kcal. De hecho, en el embarazo yo no noté más ganas de comer, pero durante la lactancia, tenía una hambre voraz a todas horas. Comía bastante y aún asi adelgazé enseguida los kilos de más del embarazo. Una gozada para las mujeres que siempre nos andamos cuidando con la dieta. La mejor operación bikini de mi vida.

Come muy variado, aprovecha a comer fruta y verdura de temporada, ya que el niño saborea a traves de tu leche los distintos sabores y así se acostumbrará a probar de todo cuando sea mayor.

Y llegó la alimentación complementaria

A partir de los seis meses, y de manera gradual, los alimentos sólidos irán sustituyendo a la leche como forma de alimentarse. Sin embargo, la leche debe seguir siendo la principal fuente de alimentación del bebé durante el primer año. Para los purés, utiliza una vaporera y batidora Philips combinada que te ayude a que haya varios tipos de verduras y frutas en sus purés.

Si en casa tu dieta es variada y ve que en casa se come de todo, sin rechazar ciertos alimentos, el bebé también aprenderá a tener una alimentación variada. Durante las primeras semanas tras introducir la alimentación complementaria, no fuerces la cantidad que el niño vaya comiendo. Se tiene que acostumbrar a los nuevos sabores, texturas y a la nueva forma de comer. No le metas prisa, ni le fuerces, ni te desesperes por lo que mancha (es inevitable), el comer debe ser un juego divertido, un momento que compartir con sus padres y no una pelea constante.

Si el pequeño rechaza algún alimento apártalo unas semanas y vuelve a intentarlo más adelante. También puedes intentar camuflar el nuevo alimentado mezclándolo con otro que le guste. Si una comida no es muy abundante, no le des nada para picar entre horas y ya comerá más en la siguiente comida. Otro gran recomendación que debes seguir es optar por no preparar los purés con sal y elegir yogures naturales frente a los azucarados y los de sabores.

A partir del año, el niño puede comer ya prácticamente de todo y se pueden sustituir los purés por productos que sean fáciles de masticar. Conviene que se vaya acostumbrando a comer algo del plato de los mayores, le hará ilusión y así aprenderá a alimentarse. Es normal que una vez cumplido el año su velocidad de crecimiento disminuya, y con ello, su apetito sea menor. No es preocupante que coma menos siempre que el pediatra vea que la curva de crecimiento es la adecuada.

Mi mundo Philips | ¡Adiós leche! Empezamos con la alimentación complementaria

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