¡Ya vienen los Reyes! 7 aspectos a tener en cuenta para elegir el regalo ideal de tu hijo

, 15 de diciembre de 2016

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Observa con deleite el brillo de sus pequeños ojos siguiendo cada movimiento del pequeño paquete, centelleantes de ilusión. Sus diminutas manos, enrojecidas por el calor del fuego, tantean con prisa el pequeño lazo y rasgan sin piedad el papel de tonos vistosos, anhelantes por desenvolver y descubrir su contenido; y su cara se ilumina cuando por fin lo logra. Su grito de júbilo se cuela en cada recoveco de la habitación.

Con la llegada de Papá Noel y los Reyes somos muchos los que esperamos lograr una reacción similar a la descrita en el punto anterior de la mano del presente ideal. Un obsequio que no siempre resulta sencillo de escoger y para el que, además de la edad, deberemos tener en cuenta otras cuestiones quizás no tan obvias. Pero, ¿cuáles son los requisitos del perfecto regalo?

Que sea acorde a su edad

Como comentábamos, un aspecto fundamental que condicionará nuestra elección es su edad, a la que deberemos adaptarnos. Para los más pequeños, el abanico de opciones se reduce notablemente, aunque siempre es posible optar por juguetes blandos que puedan mover, morder y manejar sin peligro, accesorios de colores vistosos que estimulen su imaginación, complementos para la cuna y el carrito que sean de su agrado, entre otros. Más allá de la mental, tendremos en cuenta la de su desarrollo; por ejemplo, hay pequeños que comienzan a gatear y a caminar antes y a los que un juguete que puedan perseguir les resultará de ayuda.

Entre los doce meses y los dos años el espectro se amplía -algo que ocurrirá a medida que nuestro hijo vaya cumpliendo años, evolucionando y formando su personalidad-, y son recomendables los libros con ventanas, los teléfonos y vehículos de juguete, las pelotas, y los muñecos grandes. Entre los dos y los cuatro el pequeño ya habrá mejorado notablemente sus habilidades motrices y habrá adquirido nuevas capacidades intelectuales. Los libros con música, instrumentos de juguete, los columpios, tiendas de campaña, juguetes apilables, tizas y pinturas de dedos constituyen una buena opción.

A partir de los cinco años es recomendable introducir los puzles de lógica, juegos de cartas sencillos, así como otros juguetes que les permitan cierta libertad -como bicicletas, patines, etcétera-. Las muñecas y muñecos también le permitirán a comprender su cuerpo y esquema corporal con mayor precisión y les dará la oportunidad de construir historias de su invención. Sobre los ocho los juegos de ciencias y manualidades despertarán su curiosidad. Los de construcción son otro éxito asegurado. Para aquellos que superen los diez, para acabar, su personalidad resultará clave.

Que fomente distintas habilidades y sea seguro

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Por otra parte, lo ideal es que el regalo en cuestión sea capaz de fomentar distintas habilidades, tanto físicas y cognoscitivas, como sociales, de nuestro pequeño retoño. Por ejemplo, para los bebés, los carruseles que capten su atención, los juguetes que favorezcan el agarre, “gimnasios” específicos, manoplas con marionetas en los dedos y las mantas con sonidos y dibujos de animales resultan muy estimulantes.

Los kits para hacer jabones, juegos de adivinanzas, y otros al estilo de “mi primer huerto”, “mi primer libro de recetas”, o “dibújame una casa” favorecerán la creatividad de los que cuentan con una edad más avanzada. Además, se trata de un regalo para compartir que fomentará los lazos familiares y que también afectará positivamente a las habilidades sociales del niño, que puede jugar con sus compañeros.

En todo caso y por otra parte, es básico que nuestro hijo aprenda a autogestionarse. Nos estamos refiriendo a que sea capaz de entretenerse solo, de estimularse a sí mismo sin necesidad de elementos externos ni compañía alguna. La seguridad del juguete y su homologación también son básicos para ahorrarnos sorpresas desagradables.

Que resulte útil

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La utilidad es otro requisito que nos ayudará a decidirnos, en especial si nuestro hijo se encuentra entre los cero y los doce meses. Juguetes para morder, carruseles, y pelotas para estrujar, e incluso ropita y calzado para ir bien guapo y equipado resultan muy prácticos aunque, evidentemente, no todos le gustarán por igual.

A partir del año ya podemos empezar a regalarle colores específicos, estuches y otro material cuyas posibilidades se incrementarán a medida que vaya cumpliendo años. En el caso de los más mayores podemos aprovechar para comprarles ese libro que tanto desean leer, e incluso otros dispositivos como un ordenador, una tablet o un ebook.

Los relojes son también otro gran presente. De hecho, es tal la amplitud de modelos, que es fácil de adaptar a cada edad. Por ejemplo, si nuestro hijo empieza a leer la hora, escogeremos uno más sencillo, digital; mientras que si ya sabe hacerlo con las manecillas optaremos por uno de este estilo. Aquí tienen cabida los smartwatches, tanto aquellos que cuentan con sistema de localización para los más pequeños, como otros con sistemas de monitorización de la actividad física para los adolescentes más deportistas.

En el caso de los lápices de colores, los buscaremos con algún componente divertido como plumas y muñecos en la parte superior. Para los estuches, escogeremos uno que cuente con imágenes de sus personajes favoritos, con forma curiosa, tacto de peluche y, en definitiva, unos “ingredientes extra” que lo hagan un tanto especial.

Algunos complementos de la casa –para su habitación-, asimismo, pueden acabar gustándoles. Las lámparas con formas de la estrella de la muerte harán las delicias de los amantes de La Guerra de las Galaxias, mientras que las fundas nórdicas que simulan convertirles en un astronauta encandilarán a los amantes del cosmos. Las tazas con lemas personalizados y papel “pintado” para que pueda dibujar sobre la pared de su cuarto también les gustarán.

El carácter de nuestro hijo

Adaptarnos a la manera de ser de nuestro hijo es otra cuestión básica. Es decir, si se trata de un pequeño inquieto, amante de la naturaleza y que adora explorar y deambular, cualquier complemento deportivo –una pelota de fútbol, un balón de baloncesto, una canasta- o elemento para explorar –linternas, lupas, cajas para guardar hojas y animales- resultarán ideales.
Sin embargo, caerán en saco roto si, por el contrario, cuenta con una personalidad más pausada y prefiere leer, dibujar y escoger actividades más creativas y tranquilas; en cuyo caso será preferible optar por juegos de ciencias, alfarería, montaje, por pinturas y acuarelas, plastilinas que cambian de color, libros de colorear y demás.

Establecer límites

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Establecer límites en el número de regalos que recibe nuestro pequeño resulta también básico. Colmar al pequeño de demasiados juguetes, de hecho, podría provocar que este pierda el interés e incluso que se acostumbre a recibir constantes estímulos exteriores durante su desarrollo y posterior vida adulta, algo que deberemos evitar si queremos formar a una persona independiente, capaz de funcionar de manera autónoma.
Y no nos estamos refiriendo únicamente a aquellos que reciben de nosotros, sino también de otros miembros de la familia. En caso de que estos se sobrepasen, resulta recomendable guardarlos y dejarlos para otra ocasión, aprovecharlos como premio e incentivo en situaciones posteriores, etcétera.

Por otra parte, se tiende a pensar que los juguetes más caros son también los mejores, unas características que racionalmente no tienen por qué ir aparejadas. La organización de la compra en este punto resulta fundamental.

Que le guste

Al margen de la utilidad, la capacidad de estímulo del niño y demás cuestiones comentadas, lo que cualquiera desea es que el regalo que ofrece sea del agrado de la persona que lo recibe. ¿Cómo no iba a ocurrir lo mismo con nuestros hijos? Si lo que queremos es ver cómo su carita se ilumina de ilusión deberemos tener en cuenta sus preferencias.
Pongamos el caso, por ejemplo, de que las madres de sus compañeros de clase han comentado que están a punto de adquirir la última mascota robótica del mercado, que incluso les permite aprender a programar; un regalo que, si bien gustará a muchos de ellos, no satisfará a nuestro pequeño, que habitualmente se decanta por las muñecas. La idea sería encontrar una que fomente habilidades similares pero que se acerque a su gusto.

Que sea inolvidable

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Para acabar y en relación con el punto anterior, lo mejor que puede pedírsele a un regalo a cualquier edad es que resulte inolvidable. Para ello, requeriremos de grandes dosis de ingenio, creatividad y, sobre todo, de algo más personal. Un presente que se adapte al carácter, preferencias y que tenga que ver con su día a día resultará idóneo.
Un talón de cheques caseros por valor de actividades que adoren llevar a cabo en nuestra compañía, entradas para una función de teatro de su mago favorito, una yincana con pistas y diferentes regalos en cada una de ellas, un libro cuya trama protagonicen (existen adaptaciones de clásicos como La Bella y la Bestia en la que se cambia el nombre de Bella por el de la pequeña) constituyen algunos ejemplos. Personalizar el papel de regalo con su nombre es otra excelente opción.

Imágenes | iStock: shironosov, FamVeld, JackFrog y Wavebreakmedia

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